Agua

Potencia hídrica: la agricultura en la frontera

Escrito por Zulima Leal, Isaura Guzmán, Jairo López, Mauricio Mora | 26 de enero de 2026 17:52:30 Z

Zulima Leal, Isaura Guzmán, Jairo López, Mauricio Mora

La agricultura es un actor clave en los avances por garantizar la disponibilidad de agua para todos. Más allá de su papel en el sostenimiento de las economías rurales, la producción de alimentos y el empleo local, también es el mayor usuario de agua a nivel mundial. A medida que los recursos hídricos se vuelven más limitados, contaminados e impredecibles, fortalecer el sector agrícola resulta esencial para asegurar que el agua se gestione de manera responsable y permanezca disponible para los distintos sectores y usuarios.   

En lugar de concebir la agricultura en la región fronteriza entre México y Estados Unidos como un sector independiente, reconocemos que el agua es un recurso compartido que vincula a ambas economías y plantea desafíos para la sostenibilidad del sector. Este blog analiza la agricultura desde una perspectiva hídrica, destaca las principales zonas agrícolas a lo largo de la frontera México- EE. UU., describe los retos relacionados con el agua en las dos cuencas transfronterizas (el río Colorado y la cuenca del río Bravo), y evalúa los crecientes riesgos de efectos indirectos del sector hídrico sobre la agricultura.  

Zonas agrícolas y restricciones en el suministro de agua  

El sector agrícola extrae la mayor parte del agua a nivel mundial, y la región fronteriza entre México y Estados Unidos no es la excepción. De hecho, la proporción de los recursos hídricos asignados a este sector en la región supera los promedios globales y nacionales (Estados Unidos, 40 %; México, 75 %) y en algunos casos específicos representa más del 90% de las extracciones locales de agua, lo que contribuye aún más a la reducción de los acuíferos y amenaza la integridad hidrológica de ríos como el Bravo y el Colorado.  

Con el 64 % de la frontera entre México y Estados Unidos trazada por un río y en la que convergen tres cuencas transfronterizas, dos de las cuales (la del río Colorado y la del río Bravo) sostienen un sector agrícola dependiente de aguas compartidas, los impactos del uso del agua, la deforestación, la contaminación y la variabilidad climática convierten los desafíos locales en retos binacionales. 

Estos sistemas transfronterizos están regulados por acuerdos internacionales. Identificamos cuatro zonas agrícolas interconectadas que dependen de aguas compartidas. Las entregas del río Colorado han permitido el desarrollo de una importante zona agrícola que abarca el condado de Imperial en California; el condado de Yuma, en Arizona; y la región de Mexicali, en México. Esta área representa la mayor concentración de extracciones de agua agrícola a lo largo de la frontera (Zona 1, usuarios del río Colorado; véase el mapa a continuación). 

Asimismo, identificamos tres zonas agrícolas adicionales beneficiadas por la cuenca del río Bravo. Para fines analíticos, estas áreas se agruparon por separado, dado que las condiciones locales y las entregas internacionales de agua pueden afectar la disponibilidad para el sector, dependiendo de su ubicación. Por ejemplo, la Zona 2 comprende áreas agrícolas en Nuevo México y la región cercana a El Paso, Texas, donde el río Bravo fluye hacia el sureste antes de llegar a la frontera. Los afluentes de este río que fluyen hacia el norte, antes de unirse al Río Bravo, hacen posible la agricultura en Chihuahua, México, y son importantes ya que influyen en las entregas de agua hacia Estados Unidos (Zona 3). A medida que el río Bravo continúa su trayecto hacia el sureste y recibe entregas de agua desde México, se genera una zona agrícola adicional al final de la cuenca (Zona 4). Reconocemos la importancia de dos zonas adicionales en Baja California y Sonora, pero las excluimos del análisis debido a que dependen de acuíferos locales.    

Poco a poco, la agricultura enfrenta enormes retos a medida que persisten las condiciones de sequía, limitando la disponibilidad de agua en importantes presas que abastecen a zonas agrícolas clave y a municipios a lo largo de la frontera México-EE. UU., muchas de los cuales se encuentran por debajo del 30 % de su capacidad.  

Estimamos que la capacidad total de almacenamiento en presas a lo largo de la frontera mexicana es de 14.8 millones de acres-pie (MAF) (18,302 millones de metros cúbicos [Mm³]), lo que equivale aproximadamente a la mitad de la capacidad de almacenamiento de la presa Hoover (lago Mead). Muchas de estas presas son pequeñas, pero resultan esenciales para la agricultura de la zona y sirven como fuentes de agua para las entregas desde México que sostienen la agricultura en Estados Unidos. En la actualidad, el agua superficial en la frontera mexicana no solo es escasa, sino que ha disminuido rápidamente en los últimos años, como se muestra a continuación.  

El río Colorado: agua para la agricultura en la frontera  

Las condiciones actuales de sequía en el río Colorado están reduciendo la capacidad de almacenamiento del lago Mead (actualmente al 32 % de su capacidad) y del lago Powell (presa Glen Canyon), los cuales son pilares de la producción agrícola en la región. Dado que las condiciones áridas y la baja precipitación han limitado históricamente el agua superficial local, la importación de agua y la infraestructura de conducción han permitido la expansión agrícola desde el lago Mead hacia el oeste de Estados Unidos (véanse las descripciones detalladas de la infraestructura hídrica de los canales All-American y Yuma, así como del canal Gila Gravity) 

En México, la agricultura es viable gracias a las entregas de agua desde Estados Unidos que cumplen con los acuerdos internacionales en materia de agua, los cuales, en condiciones normales, proporcionan 1.5 millones de acres-pie de agua al año (véase a continuación). No obstante, el lago Mead se encuentra bajo presión y ha detonado una serie de recortes en las entregas de agua, lo que afecta directamente a la agricultura a lo largo de la frontera 

El agua del río Colorado ha facilitado el desarrollo de 10 distritos de riego en el lado estadounidense de la frontera, con el distrito de riego más grande, ubicado en el Valle Imperial, California —con 500,000 acres de tierras irrigadas—, así como otros dos distritos adicionales en California, que dependen de estas aguas. Además, seis distritos de riego en Yuma, Arizona y uno en México (núm. 014 río Colorado) se benefician del río Colorado (ver el mapa a continuación). 

A medida que el agua superficial se vuelve más escasa, el sector se ha movido hacia la sustitución por agua subterránea que pone en riesgo la sostenibilidad de los acuíferos de la zona, el futuro del crecimiento económico y de la producción de alimentos. 

El río Bravo/río Grandeagua para la agricultura en la frontera  

El agua disponible en esta cuenca es fundamental para sostener la agricultura en ambos lados de la frontera. Conforme a los acuerdos internacionales, cada país está obligado a entregar agua al otro en puntos designados a lo largo de un ciclo de cinco años, como se muestra a continuación: 

La capacidad de almacenamiento en embalses del lado mexicano que contribuye a las entregas de agua del río Bravo se limita a un estimado de 3.86 millones de acres-pie (4,775 mm³), de los cuales el 60 % corresponde a la presa La Boquilla (río Conchos, Chihuahua) y el 18% a la presa Carranza (río Salado, Coahuila). Estos dos embalses principales actualmente registran niveles bajos, operando por debajo del 38% de su capacidad, y siguen tienen un rol fundamental en las entregas de agua de México a Estados Unidos. 

 

La adopción de prácticas responsables en la agricultura es crucial debido a que distritos de riego en ambos lados de la frontera dependen del río y sus afluentes (véase el mapa a continuación). Esta fuente vital de agua ocupa actualmente el quinto lugar entre los ríos más sobreexplotados de Estados Unidos, debido a sequías prolongadas y al uso excesivo de sus aguas. De cara al futuro, el fortalecimiento de la cooperación bilateral y las estrategias de gestión del agua serán esenciales para mejorar las condiciones del río.  

El NADBank se encuentra a la vanguardia en la atención de los desafíos hídricos a lo largo de la frontera mediante su nuevo Fondo de Resiliencia Hídrica, un instrumento financiero que prioriza inversiones en diversificación y conservación del agua. En noviembre 2025, el NADBank lanzó su primera convocatoria de solicitudes, enfocada en apoyar a los distritos de riego del Valle del río Grande en Texas. 

Agua y agricultura: riesgos crecientes para el sector  

La escasez de agua a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos plantea no solo desafíos ambientales y operativos, sino también riesgos para la viabilidad de largo plazo de la agricultura, la seguridad hídrica municipal y la estabilidad económica regional. Entre los principales riesgos se incluyen: 

1. Restricciones en la disponibilidad de agua: una amenaza creciente para los acuíferos  

La sequía persistente, la reducción la capa de nieve y el aumento de las tasas de evapotranspiración limitan la disponibilidad de agua superficial e intensifican la presión sobre acuíferos ya estresados. En muchas zonas agrícolas, la extracción de agua subterránea se ha convertido en la respuesta ante la escasez de agua superficial, lo que genera riesgos en el largo plazo, como subsidencia del terreno, intrusión salina y disminuciones irreversibles en almacenamiento de agua subterránea. Estas condiciones amenazan a la agricultura de riego y a la estabilidad de los sistemas alimentarios locales a lo largo de la frontera. 

2. Riesgos asociados a infraestructura hídrica obsoleta: amplificación de costos y pérdidas de agua 

La infraestructura para el riego, construida hace décadas, presenta importantes ineficiencias, entre ellas pérdidas por filtración, deterioro de los canales y capacidades limitadas de medición. A medida que se intensifica la sequía, estas vulnerabilidades incrementan el riesgo de entregas de agua inconsistentes, pérdidas de cultivos y mayores costos energéticos. La modernización de los sistemas de riego, la mejora en la medición volumétrica y la adopción de una gestión integrada de cuencas son ahora esenciales para mantener la continuidad operativa y sostener la productividad de las principales zonas agrícolas.  

3. Variabilidad hídrica y riesgos financieros para la agricultura  

La variabilidad en la disponibilidad del agua, junto con el aumento en los costos de extracción de agua subterránea y de energía, reduce los márgenes e incrementa la incertidumbre en los flujos de efectivo de los productores y de los distritos de riego. La incertidumbre hidrológica genera riesgos para prestamistas e instituciones de financiamiento público, especialmente en regiones que dependen de una sola fuente de agua, al afectar activos, infraestructura y capacidad de pago. 

4. Riesgos a la calidad del suelo y el agua  

La dependencia excesiva en acuíferos sobreexplotados y el deterioro de la calidad del agua superficial incrementan los riesgos ambientales, entre ellos la salinización del suelo, la escorrentía de nutrientes, la pérdida de ecosistemas ribereños sensibles y una mayor degradación de la calidad del agua. 

5. El agua y los riesgos sociales  

Los riesgos sociales también se intensifican a medida que la escasez de agua presiona los mercados laborales rurales, incrementa la competencia entre usuarios agrícolas y urbanos por el agua y eleva la vulnerabilidad económica de las comunidades de bajos ingresos que dependen del empleo agrícola.  

El agua en la frontera debe gestionarse como una variable estratégica de riesgo; medirse, someterse a pruebas de estrés y administrarse con la misma disciplina que el capital y la liquidez. El fortalecimiento de la gestión hídrica y la implementación oportuna de medidas permitirán asegurar la disponibilidad del agua y, con ello, la viabilidad agrícola, la estabilidad fiscal y la credibilidad institucional a nivel local.  

Conclusión: 

La disponibilidad de agua ha representado durante mucho tiempo un desafío para la agricultura a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, donde las principales zonas agrícolas dependen de sistemas de agua superficial y subterránea cada vez más frágiles. A medida que las cuencas del río Colorado y del río Bravo enfrentan presiones sin precedentes derivadas de la sequía, la sobreasignación y la variabilidad climática, las entregas de agua y la viabilidad de largo plazo de la producción alimentaria binacional se encuentran en riesgo. En los próximos años, será fundamental fortalecer la cooperación bilateral, mejorar la gestión del agua en el sector y mitigar los riesgos crecientes derivados de la interdependencia entre el agua y la agricultura. El NADBank está preparado para apoyar la transformación del sector a través del nuevo Fondo de Resiliencia Hídrica.