El crecimiento en la frontera ...

Agua

El crecimiento en la frontera entre México y Texas depende de un río que se está agotando

El crecimiento de Texas depende del suministro de agua del Río Grande. Es imprescindible realizar inversiones urgentes en infraestructuras y fomentar la cooperación transfronteriza para garantizar un futuro sostenible.

por John Beckham

 Durante 14 años consecutives, Texas ha obtenido la «Governor’s Cup» 

de la revista Site Selection, un referente en materia de inversión y generación de empleo. Gran parte de este logro se ha sustentado en el comercio y la inversión con México, que fluyen desde la región fronteriza a través de San Antonio. Esta racha ayudó a definir el llamado “Milagro texano”, en el que convergen políticas orientadas al crecimiento, una fuerza laboral sólida y una expansión constante. Pero hoy ese éxito enfrenta una limitante crítica: el agua.

La competencia con otros estados no es nueva. Lo que sí es nuevo y mucho más trascendente, es el creciente riesgo de que Texas no cuente con suficiente agua para sostener su trayectoria. En todo el estado, desde Coastal Bend hasta Hill Country, las presas registran niveles a la baja y las comunidades buscan con urgencia asegurar el suministro. En ninguna parte es el reto tan apremiante como en la frontera entre Texas y México.

El Río Bravo no es simplemente una línea en el mapa. En la fuente de vida de la región fronteriza: sostiene a millones de habitantes, riega las tierras agrícolas que alimentan al país y sirve de ancla al comercio transfronterizo. Sin embargo, esa fuente vital enfrenta una presión sin precedentes.

 Décadas de sequía, crecimiento demográfico e infraestructura obsoleta han llevado al sistema del río a un punto crítico. Hoy, menos de una quinta parte de sus caudales históricos llega al Golfo de México. El Río Bravo figura entre los ríos más amenazados de Estados Unidos,pero esta ya es la realidad en el sur de Texas.

Los condados de todo el Valle del Río Grande han declarado emergencias hídricas en repetidas ocasiones. Los agricultores no tienen la certeza de contar con suficiente agua para sembrar o cosechar. Las ciudades como McAllen y Brownsville, junto con Reynosa y Matamoros, enfrentan una presión cada vez mayor sobre sus fuentes municipales de abastecimiento, lo que genera riesgos tanto para los hogares como para la industria. Si el sur de Texas toma en serio su futuro económico, la infraestructura hídrica del Río Bravo debe ocupar un lugar central en su estrategia.

Hacer frente a este reto exigirá más que soluciones parciales. La política hídrica debe de estar a la altura del problema en los ámbitos local, estatal, federal y binacional. El río no reconoce fronteras políticas; por eso, las soluciones deben pensarse más allá de ellas.

 

Por más de tres décadas, el Banco de Desarrollo de América del Norte (NADBank) con sede en San Antonio, ha demostrado lo que puede lograrse mediante la cooperación transfronteriza. Creado en conjunto por México y Estados Unidos, aporta financiamiento para infraestructura ambiental que mejore la calidad de vida y fortalezca la capacidad económica de las comunidades.

Su Fondo Resiliencia Hídrica, de $400 millones de dólares y puesto en marcha el año pasado, se enfoca en acciones prácticas como la conservación, modernización de sistemas y diversificación de fuentes de abastecimiento. En su primera ronda en el Balle del Río Grande, los distritos de riego presentaron 21 propuestas por un total aproximado de 225 millones de dólares. Estos proyectos incluyen el revestimiento de canales, la sustitución de acequias abiertas por tuberías y la modernización de sistemas de distribución para reducir la pérdida de agua.

Los beneficios podrían ser considerables. Las estimaciones iniciales indican que estos proyectos podrían ahorrar más de 55, 000 acres-pie al año, alrededor de 49 millones de galones diarios, suficiente para abastecer a aproximadamente 600,000 habitantes. Esa es agua que, de otra manera, se perdería.

Texas también ha respondido. La aprobación de la Proposición 4 por parte de los votantes y los compromisos de financiamiento de la Junta de Desarrollo de Recursos Hídricos de Texas (TWDB), incluidos 100 millones de dólares para los distritos de riego del Valle, reflejan un reconocimiento cada vez mayor que la seguridad hídrica también es política económica. En conjunto con el financiamiento del NADBank, estas inversiones pueden acelerar los proyectos más de lo que pudieran hacerlo estos esfuerzos por separado.

Aún así, la infraestructura es solo una parte de la historia. El agua sostiene la estabilidad económica, la productividad agrícola y el bienestar de las comunidades. Sin ella, el crecimiento se desacelera, la inversión se frena y las oportunidades se reducen.

El Milagro texano se construyó con liderazgo práctico y visión a largo plazo. Preservarlo exigiría el mismo enfoque, ahora aplicado al agua con un sentido de urgencia. Si Texas quiere seguir siendo un polo de crecimiento, debe asegurarse de que la prosperidad no quede limitada por la escasez.

En la frontera, el camino a seguir es claro: invertir en conservación, modernizar los sistemas de distribución y ampliar las fuentes alternativas de abastecimiento para reducir la dependencia de un río al límite de su capacidad, al tiempo que se fortalece la colaboración transfronteriza.

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